POETA DE UNA CIUDAD VIOLENTA

 
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POETA DE UNA CIUDAD VIOLENTA

Él vive en medio de una guerra armada,
en la que el vivo al paredón se enfrenta.
Reside en la metrópoli violenta,
ya, ni la autoridad puede hacer nada.

Es tempestad social, más que tormenta:
es temporal en el que pocos ganan,
un granizo metálico de balas,
un diluvio que a niños no alimenta.

Vivir en la ciudad es más que afrenta:
a la existencia y su cuantía santa.
A la paz social es asechanza,
es un insulto, injuria, es una ofensa.

De tantos mártires, ya perdí la cuenta,
¡cuántos perdieron sangre en la batalla!
Vertiéndola en arterias que desangran
en cloacas del olvido, indiferencia.

La iniquidad e inequidad canallas,
y más desigualdad, que se acrecienta,
predice el fin del método perverso
en el que amor y justicia se ausentan.

Y aunque este clima se presente adverso,
no le teme al temporal y nunca calla.
No silencia el poeta sus palabras,
encontrando corazones que se abran
a querer pacificar el universo.

Y disparando poemas y unos versos,
va el poeta con armas desarmadas,
entre calles donde almas desalmadas
juguetean a matar de forma cruenta.

Tal vez sea él, el mártir del mañana
dando su vida en la ciudad violenta.

Copyright © Rubén Sada – 25-04-2010

http://rubensada.blogspot.com/2013/06/poeta-de-una-ciudad-violenta.html

Quién fue

 

 

Quién fue

 

Desearía saber quién fue el perverso

que quitó identidad en tu documento

y te empujó a atravesar el tiempo

sin la música de los dulces versos.

 

Desearía saber quién fue el maldito

que opacó tus sonrisas con lamentos,

convirtiendo tu gozo en sufrimientos,

cambiando tu alegría en fuertes gritos.

 

Quisiera frente a mí al malnacido

que hurtó tu juventud en un momento,

poniendo en tus pupilas lentes negros,

marchitando tus flores con espinos.

 

Dime quién arrugó tu piel lozana

con las grietas curtidas de los años,

con noches de llanto y desengaño,

quebrando la ilusión de tus mañanas.

 

Di que fue el brazo oscuro del destino

o el rigor tempestuoso de los vientos.

Di que fueron aventuras de tus cuentos

o que fue tu locura y desatino.

 

Di que fue el deseo de tu sexo,

o que fue el producto de un error.

Di que fueron tus párpados inciertos,

di que fueron los engaños del amor…

 

Échale la culpa a tus ancestros…

¡Échale la culpa al mismo Dios!

Mas, no me hagas a mí culpable de esto,

no me digas, amor, que he sido yo.

 

Copyright © Rubén Sada. 

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APÓSTROFE AL CHORRO Y AL ASESINO (Al mismo estilo poético del “Apóstrofe [a la humanidad]”, de Almafuerte)



APÓSTROFE AL CHORRO Y AL ASESINO

(Al mismo estilo poético del “Apóstrofe [a la humanidad]”, de Almafuerte)
I
No sé bien yo qué razones
te planteas, te propones,
con tus garras despreciables
que violentas, se dedican a robar.
Pero sí sé qué mereces
y es penalidad con creces,
propinándote el zarpazo
que vos mismo propinás a los demás.
Pesadilla de los justos,
fuente de odio y de disgustos,
fabricante de hondas ruinas,
la ignominia de Argentina y más allá.
Desde sombras, bien oculto,
vejas, matas a los cultos,
y acuchillas a mujeres
de materna, colosal humanidad.
II
Enemigo de la patria,
terrorista, antipatria
del fascismo y la violencia,
sos la lacra que hace inicua sociedad.
Traidor de un pueblo activo,
ojalá que estando vivo
se te pudran ambas manos
y que no las uses más para matar.
Sos el cáncer, sos la peste,
sos el miasma de las huestes
de demonios que pululan
a la espalda del mismísimo Satán.
Que te arrojen al Masaya
por tus odios tan canallas,
y erradiquen tu presencia
y tu esencia de atributo criminal.
III
Con mis verbos le disparo
a tu ánima de avaro
pues te abusas, delinquiendo,
violas, robas y asesinas sin razón.
Yo detracto a quien defiende
tu accionar y que pretende
presentarte como víctima,
cuando sos el responsable del horror.
Te apostrofo, te maldigo,
te declaro mi enemigo,
y abomino tu existencia
peligrosa para el buen trabajador.
Ni derechos, ni humanos
porque nunca a tus hermanos
les brindaste más clemencia
ni piedad que les demuestre compasión.
IV
Aunque el juez lo determine,
que en las calles tú camines,
fabricando la violencia
y sembrando las semillas del terror,
no mereces estar libre.
Los que son de tal estirpe
no ameritan leyes blandas
redactadas por ningún legislador.
No mereces ni el recuerdo
por no estar del todo cuerdo,
tu carroña es la vergüenza
del acólito sagrado de la luz.
Instituyes la violencia,
matas gentes indefensas,
pretendiendo la defensa
de abogados tan bandidos como tú.
V
Nuestros gritos de socorro
son apóstrofes al chorro
y mereces un castigo,
un castigo fulminante, si es que hay Dios.
Ya no hay cura para el alma
cuando hay sangre en tus dos palmas,
porque buscan la venganza
tus venenos ponzoñosos de escorpión.
No mereces ni el indulto
pues tu afrenta es un insulto,
tu progenie es tan infame
que maldigo a la mamá que te parió.
¡Cultiva el amor profundo!
¡Aborrece tu acto inmundo!
¡O erradícate del mundo!
Para así limpiar el suelo de tu hedor.

Copyright © Rubén Sada. 24-05-2013


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