Incendio en la era (Poema de Rubén Sada)

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INCENDIO EN LA ERA

Érase una vez en el campo,
un trigal había que cosechar.
Se hallaban muchos campesinos
trabajando en ese lugar.

Fue muy dura allí la vida,
cuando a mano había que cultivar.
El trabajo era arduo, y pesado
y bebiendo… se iban a motivar.

Ellos llevaban botellas de vino
y el alcohol los iba a incentivar,
y algunos, medio borrachos
el pesado trabajo podían aguantar.

Dos hombres mientras espigaban
se pusieron por una mujer a luchar.
El alcohol los ponía muy malos,
a botellazos comenzaron a pelear.

Los trozos rotos de las botellas…
y el sol comenzando a brillar.
Hicieron de lupa varios vidrios
que quedaron tirados en el lugar.

Brilló ardiente el rey del mediodía
y las espigas comenzó a quemar.
Si el incendio el lugar dominaba
ya no habría trigo ni habría pan.

Entonces pronto avisaron al pueblo:
“La era del trigo se empieza a incendiar.”
Salieron las personas de sus casas
con la noble intención de ayudar.

Traían muchos baldes con agua
pero muy poco parecían auxiliar.
El incendio en la era fue muy grande
y al Rey Sol nadie le pudo ganar.

Hasta allí acudió una muchacha
dejando a su bebé en su hogar.
Sabía que si la era se quemaba
por un tiempo no habría pan.

Con toscos elementos precarios
y sin elementos de seguridad,
intentaron apagar el fuego,
pero el calor empezó a sofocar.

El humo era bastante irrespirable
y la piel se le empezó a tiznar.
Sus pulmones ya no resistían,
pero había que seguir hasta apagar.

Llegaba ya por fin la noche
y la reina luna comenzó a brillar.
Las personas volvían a sus casas
contentas de que lo pudieron lograr.

Regresaron cantando muy alegres:
“El fuego no nos pudo dominar”.
“Somos un pueblo más fuerte que el Sol.”
“Ni Dios contra nosotros podrá.”

Pero el áspero humo, irrespirable,
se cobraría otra víctima más.
Y la muchacha se acostó, cansada,
y ya nunca volvió a despertar.

Hoy el pueblo entero está de luto
por esa muchacha que quiso ayudar.
El cielo, oscurecido por el humo.
Y un niño todavía espera a su mamá.

Copyright © Rubén Sada.

Publicado en el libro “Increíblemente bella“, Ediciones Independientes Rubén Sada, 2009

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